11.30.2016

Y entonces



En determinado momento de la noche la música varió a favor del ambiente y la presencia de voyeurs no se hizo esperar. Ya para entonces nuestros maridos se habían unido, al principio cada quien con la suya y Aleluya manita por aquí, manita por allá, las caricias fueron cediendo paso al carrusel. Es decir que en eso del tuyo mío te lo presto, en el protocolo se dice ¿puedo? Y la respuesta pudo ir desde rotundo no a intenso gemido y siendo este el caso, mi gusto fue compartir y ser compartida. Me gusta verlo en acción e imaginar lo que están sintiendo. No se, me sigue excitando después de todo este tiempo porque sé de lo que es capaz.


Así las cosas se había armado el six-some y la acción se fue dando de manera que mientras Mr.B le daba de perrito a una de ellas, me les acomodé por debajo para poder comérmelos al tiempo que a mi me hacía lo mismo la otra pareja alternando entre sí. Perdí la cuenta cuantas veces me vine, solo se que le devolví el favor a ella lamiéndole el pussy junto con su pareja y como me había acomodado con el culo al aire, de repente sentí un familiar cosquilleo, era la barba de B anticipandome un beso negro que me puso al punto del ya déjamela ir toda y me cumplió no sin antes darme un par de nalgadas que me hicieron correrme aún más ahora sí en plena taquicardia vaginal.


La noche era joven aún y después del revolcón me fui al baño. Traía cambio de ropa y me puse otro calzon de medio cachete, esta vez en lycra plateada para echar desmadre de rompehielo como que “se me ven como disco ball”, un top negro ombliguero y los mismos tacones. Había estado bebiendo rum & coke (Salve Fidel) y ya llevaba los shots de tequila y después vinieron los de Baileys también de cortesía, y excuso decir que estuve a punto de romper la dieta cuando me asomé al área del buffet porque en el hotbar, la primer charola que abrí era un Tamale Casserole que olía a la cocina de mis tias pochas que todo sobrecondimentan con comino y mejor pase a la charola número dos donde había rebanadas de pavo y alli si me comí un par sin tocar la salsa de cranberries que me hacía ojitos.


Sali a fumarme al coche  y al regresar oh, novedad, había llegado una pareja de negritos que aunque se habían sentado lejos del bullicio de la barra, obviamente estaban allí por lo mismo que todos los presentes. Desde que llegamos al club, yo le había echado el ojo a un Pancho Pantera  (mamado mexicano) barba de candado. Vestía un saco negro con camisa idem abierta, y jeans so, para mi vemtaja estaba solo en la bara y me acerque a pedír mi trago justo junto a él rozandole la pierna con mis nalgas asi como que casual el arrimón y zaz, que pega, me abrazo de la cintura y vengase para aca el fajezon. Estaba de por si mojada pero tampoco era para cogermelo en pleno bar asi que me lo lleve de la mano al orgy room y oh sorprais, los negros se habían adelantado y ocuparon uno de los privados. Tenian la cortina entreabierta y morbosa que soy, nos paramos en el quicio de la puerta a verlos, eso si, yo le seguia masturbando por afuera de la ropa y el me frotaba el culo.

Ella le daba duro a la vaquerita de reversa. Se veía hermosa y

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